Movimiento Social

La lucha contra las represas y la retórica electoral

In Represas en Colombia on mayo 12, 2018 at 9:19 pm

En Grecia, en los inicios de la democracia occidental,  según se afirma, Platón desconfiaba de la retórica debido a que ésta “es el arte de la persuasión a través de lo verosímil, no la verdad, sino convencer a través de lo aparente”.

Hay que desconfiar de la retórica electoral donde a través de la apariencia se oculta la verdad logrando manipular la voluntad del elector.

En su reciente visita al Huila, el candidato Iván Duque expresó que “durante mi gobierno no se hará una represa más en el Departamento del Huila…y no permitiré la utilización del fracking para extraer petróleo”.

Las represas de El Quimbo como las de Ituango y Sogamoso fueron concesionadas durante el Gobierno de Uribe. Hoy se experimenta la bancarrota de las mismas producto de los daños irreparables causados por el despojo de comunidades, la destrucción del Patrimonio Ecológico y Cultural y los desastres causados por la contaminación del Río Magdalena y la creciente del río Cauca ocurrida por el destaponamiento del túnel, que obstruido por un derrumbe, dejó más de 600 damnificados en el corregimiento del bajo Cauca antioqueño debido a la falta de rigor técnico en la forma como se construyó la represa de Ituango, cuando estudios advirtieron desde los años ochenta de la existencia de dos fallas geológicas, lugar donde se construyó la casa de máquinas, similar al caso del Quimbo donde se registran las fallas activas de Algeciras y Tesalia que amenazan con una catástrofe de gran magnitud como lo advirtió la Contraloría General de la República.

Actualmente la Fiscalía investiga penalmente a ECOPETROL por las fallas que habrían provocado el derrame de crudo del pozo Lizama 158, que ha generado un desastre ambiental en el Magdalena Medio santandereano y que fortaleció los argumentos contra el fracking.

Con anterioridad al desastre de Lizama, Duque, en un foro organizado por la ANDI donde participó Vargas Lleras coincidieron en afirmar (El Tiempo, marzo 2) que “es necesario incentivar y aumentar la operación minero-energética, un sector clave para el desarrollo económico del país” y, en consecuencia, “no descartaron el uso en Colombia de la cuestionada fractura hidráulica o fracking, que ha sido prohibida en algunos países europeos y estados de Estados Unidos”.

Cabe agregar la denuncia de la Sillavacia: “En los ocho años que gobernó el ex presidente Uribe la superficie de hectáreas con título minero pasó de 1,13 millones a 8,53 millones. Y las hectáreas tituladas en los páramos se duplicó con creces. Hoy en día, 6.3% de las hectáreas en los páramos (122 mil) están tituladas”. Una de las razones del incremento de la explotación minera obedece “a las generosas exenciones tributarias que otorgó Uribe a las multinacionales para que explotaran estos recursos. Según datos del Ministerio de Hacienda y el Banco de la República, el gobierno dejó de recibir 3.5 billones de pesos por regalías en el último año. Dinero que se quedó en las cajas de las empresas mineras”.

Ante la evidencia de los desastres registrados, “la retórica electoral” busca manipular al electorado con el supuesto de “no a las represas y al fracking en el Huila”, cuando la esencia de su política es la profundización del modelo extractivista, asociado al negocio de los “mercados verdes”. Es decir, “acelerar las locomotoras del desarrollo”  con la adjudicación de los denominados Proyectos de Interés Nacional y Estratégicos -PINES- (represas, fracking, minería a gran escala) que favorecen la mayor acumulación de capital de las transnacionales con todas las garantías como exenciones tributarias y seguridad jurídica, flexibilización laboral, cargos por confiabilidad a costa del despojo de nuestras comunidades de sus territorios y la destrucción de nuestros Bienes Comunes Naturales y Culturales.

Por esa razón, vienen liquidando las Consultas Populares y los Acuerdos Municipales que prohibieron las actividades minero energéticas para proteger el Patrimonio Ecológico y Cultural de los Municipios al considerarlas como “obstáculos para la inversión y el desarrollo” y, por supuesto, para la corrupción o coimas por la adjudicación de contratos.

Ha sido precisamente en el Huila donde la retórica contra represas y fracking se ha expresado con mayor énfasis por parte de diferentes aspirantes a la presidencia de la República, entre otras razones, por la resistencia orientada por la Asociación de Afectados por el Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo -Asoquimbo- que durante 10 años logró demostrar la naturaleza depredadora y devastadora del modelo extractivista minero energético para favorecer la acumulación de capital y la necesidad de una transición energética  que reconozca la energía como Bien Común y no como negocio al servicio de las transnacionales.

La retórica electoral contra represas también fue utilizada en el Huila en las recientes elecciones para el Congreso por los aspirantes de los partidos Cambio Radical, Conservador, Liberal, Unidad Nacional y Centro Democrático que fueron los principales responsables y beneficiarios de la adjudicación del Proyecto El Quimbo, cuando sus aspirantes a la presidencia, a quienes se subordinan con especial agrado, anunciaban la decisión de “acelerar las locomotoras del desarrollo”. La retórica, acompañada de compra de votos, les funcionó porque lograron las curules en el parlamento. Las consecuencias de sus decisiones a favor del extractivismo las enfrentaremos con valor desde las resistencias orientadas por El Movimiento Social Defensores del Territorio.

Ríos Vivos

 

La bancarrota de las represas: Hidroituango, Hidrosogamoso, Quimbo desastres anunciados

Hay más de 45 familias que han tenido que salir de sus hogares para establecerse en cambuches en las vías hacia Ituango. Foto: Cortesía Estela Posada

 

El Movimiento Colombiano por la Defensa de Afectados por Represas !Ríos Vivos! reiteradamente había anunciado que la construcción de represas traería como consecuencia el despojo de comunidades (campesinos, pescadores artesanales, barequeros, etc), la destrucción de todas las cadenas productivas y de los ecosistemas (ríos, bosques riparios, epifitas, entre otros) del Patrimonio Cultutal (cementerios indígenas, capillas).

 

La Contraloría General de la República en desarrollo de la auditoría a las represas de Ituango, Sogamoso y El Quimbo, entre sus 14 hallazgos denunció que las licencias ambientales “presentan insuficiencias técnicas que permitan la caracterización ambiental en el componente físico y logre un mejor acercamiento a los aspectos de amenazas por procesos volcánicos, morfodinámicos y sísmicos que son garantes de la prevención de desastres” como la caracterización de las fallas geotécnicas,  que al no ser atendidas por la ANLA, Emgesa, EPM, para la ejecución de los megaproyectos, explican  los daños causados a las comunidades y los ecosistemas por el represamiento del río Cauca, debido a la obstrucción del túnel de desviación de Hidroituango; la destrucción de la vida acuática del rio Magdalena por la falta de oxígeno y sus bajas temperaturas en el fondo del embalse El Quimbo; las filtraciones de la represa denunciadas por Asoquimbo y el desplazamiento y la destrucción de la pesca en Hidrosogamopso, entre otras, que constituyen una catástrofe de gran magnitud.

 

En el Informe sobre Represas y desarrollo” la Comisión Mundial de Represas registró que  el 60% de las cuencas de los grandes ríos del mundo estaban mediana o altamente modificadas por una o más grandes represas o trasvases lo cual significaba impactos irreversibles sobre los ecosistemas como la contaminación de las fuentes de agua dulce y la afectación de grandes zonas de biodiversidad: “las grandes represas han alterado significativamente muchas de las cuencas fluviales del mundo, con impactos destructivos, duraderos y, por lo general, involuntarios, en los medios de vida y las manifestaciones socioculturales de decenas de millones de personas que viven en estas regiones”.  Entre los principales impactos ambientales de las grandes represas encontramos que “las grandes represas en general producen una serie de impactos violentos… [que] son más negativos que positivos y, en muchos casos, han conducido a la pérdida irreversible de especies y ecosistemas”.

Estudios sobre las represas demuestran que no son Mecanismos de Desarrollo Limpio por cuanto generan grandes cantidades de Gases Efectos Invernadero como óxido nitroso (N20) y metano (CH4) que son 300 y 25 veces más lesivos que el CO2 en términos de calentamiento global y causan graves daños socioambientales, como la destrucción de ecosistemas y biomas importantes que garantizan los ciclos de vida, el desplazamiento forzado de comunidades como las indígenas, campesinas, pescadores y mineros artesanales y afrodescendientes, la pérdida de fuentes de alimentación y la seguridad alimentaria, la violación de los Derechos Humanos de la población (judicializaciones, asesinatos selectivos de líderes) y el derecho a un ambiente sano y la negación de la participación pública y el acceso a la información.

 

Ante la bancarrota de las represas Friends of the Earth, dirigida por Brent Blackwelder quien trabajó en el Proyecto de ríos protegidos “National Wild and Scenic Rivers System,” destaca que se  ha logrado desactivar 1200 represas y está contemplando la posibilidad de crear un sistema internacional basado en este modelo el cual podría incluir al Rio Magdalena, dada su riqueza natural y biodiversidad. Advierte que “muchas macro represas se están construyendo en todo el mundo con graves consecuencias a largo plazo para la supervivencia de millones de personas.

En Colombia, la Corte Constitucional en su Sentencia T-135/13 que ordenó la realización de un nuevo censo de afectados por El Quimbo expresó que: “es pertinente indicar que, ante el enorme impacto de las represas sobre las personas debería llevar, en algún momento no muy lejano, a quienes toman las decisiones de políticas públicas en esta materia a plantear otras opciones que destaca la Comisión para Represas que incluyen la biomasa, la energía eólica, solar, geotérmica, energía del océano y la cogeneración”.

Estas investigaciones permiten concluir que la única alternativa ante la bancarrota de las represas es el cambio del modelo minero energético por otras formas de generación como la solar, eólica, biomasa que sean gestionadas autonomamente por las comunidades según sus necesidades. En tal sentido, se ha propuesto la transición energética democrática  desde lo público y lo comunitario contra la propuesta desde la lógica del mercado asociada a los “negocios verdes” que vienen imponiendo las empresas transnacionales y el Estado Corporativo.

Rios Vivos Huila

 

 

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